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Sé que es tonto y ridículo a estas alturas, y que admitirlo no me va a ayudar, pero no puedo "superarte". Y esa es una palabra apropiada para negar, porque en efecto sigo tras de ti. Nada que haga para borrarte de mi mente, o convivir contigo en ella, es suficiente. Por el contrario, ignorarte me hace sentir ausente; vilipendiarte me hace sentir culpable; recordarte me provoca nostalgia. Incluso intentar concentrarme en tus defectos sólo me provocan mayores ansias de quererte. Busco perfección en otro lado y termino siempre encontrándote a ti.

Estoy cansado. Es cansado mantener la vida en pausa por no querer vivir cualquier cosa sin compartirla. Es cansado intentar todos los días ponerla en marcha aún sabiendo por tantas caídas que simplemente no puedo seguir sin ti. ¿Estoy escribiendo un melodrama? Quizá. Pero te aseguro que no hay palabra escrita mía que no atraviese la razón. Esto es en lo que creo no sólo con mi instinto, sino con el uso de toda la gracia cognitiva de la que soy recipiente. Y aún sabiendo que esta no es una buena idea, hay verdades que no puedo mantener encerradas. Hay verdades que tienen que expresarse para sentirse verdaderas. Y esta verdad es que estoy increíble, indudable y profundamente enamorado de tu persona, de tu carisma, de tu fortaleza, de tu entrega, de tu genio y de tu belleza. De cómo ríes y cómo te enojas. De tu habilidad para poner color en todo lo que ves. De la manera en que extiendes un gesto de casual simpatía hasta hacerlo un enunciado emotivo completo y coherente. Y me alegra estarlo. Me motiva a mejorarme, a ser perfecto. A ser más como tú. Nunca podría ser ello causa de amargura.

Sólo te pido que cuando te enojes o te frustres contigo misma, tengas en mente que hay alguien que conoce y ama todas esas partes de ti que no te gustan y te desesperan. Tal vez entonces puedas ser menos dura contigo. Quiérete como yo te quiero. Alégrate con tus logros como yo me alegro. Ama aquellas cosas que te hacen única. Es lo único que pido.

Sé feliz.

R!

Te extraño tanto.

Extraño tus palabras de aliento y consuelo, acompañadas de risas y caricias. Extraño la ilusión en mí al narrarte mis proezas y el orgullo en tu rostro al escucharlas. Extraño el dulce sonido de tu voz y nuestro humor excéntrico.
Pero extraño sobre todo el poder decirte cuánto te extraño, cuánto te quiero. Lo extraño tanto.
R!

I believe in books


The Joy and Enthusiasm of Reading

Por Rick Moody

I believe in the absolute and unlimited liberty of reading. I believe in wandering through the stacks and picking out the first thing that strikes me. I believe in choosing books based on the dust jacket. I believe in reading books because others dislike them or find them dangerous. I believe in choosing the hardest book imaginable. I believe in reading up on what others have to say about this difficult book, and then making up my own mind.

Part of this has to do with Mr. Buxton, who taught me Shakespeare in 10th grade. We were reading Macbeth. Mr. Buxton, who probably had better things to do, nonetheless agreed to meet one night to go over the text line by line. The first thing he did was point out the repetition of motifs. For example, the reversals of things ("fair is foul and foul is fair"). Then there was the unsexing of Lady Macbeth and the association in the play of masculinity with violence.

What Mr. Buxton didn't tell me was what the play meant. He left the conclusions to me. The situation was much the same with my religious studies teacher in 11th grade, Mr. Flanders, who encouraged me to have my own relationship with the Gospels, and perhaps he quoted Jesus of Nazareth in the process. "Therefore speak I to them in parables: Because they seeing, see not; and hearing they hear not, neither do they understand."

High school was followed by college, where I read Umberto Eco's Role of the Reader, in which it is said that the reader completes the text, that the text is never finished until it meets this voracious and engaged reader. The open texts, Eco calls them. In college, I read some of the great Europeans and Latin Americans: Borges and Kafka, Genet and Beckett, Artaud, Proust — open texts all. I may not have known why Kafka's Metamorphosis is about a guy who turns into a bug, but I knew that some said cockroach, and others, European dung beetle.

There are those critics, of course, who insist that there are right ways and wrong ways to read every book. No doubt they arrived at these beliefs through their own adventures in the stacks. And these are important questions for philosophers of every stripe. And yet I know only what joy and enthusiasm about reading have taught me, in bookstores new and used.

I believe there is not now and never will be an authority who can tell me how to interpret, how to read, how to find the pearl of literary meaning in all cases. Nietzsche says, "Supposing truth is a woman – what then?" Supposing the truth is not hard, fast, masculine, simple, direct? You could spend a lifetime thinking about this sentence, and making it your own. In just this way, I believe in the freedom to see literature, history, truth, unfolding ahead of me like a book whose spine has just now been cracked.

Fuente: NPR, This I Believe.

Me permito un capricho

18/09

Aw, yo quiero que Ted y Robin sigan juntos. No sé por qué me gustan tanto los amores imposibles. Quizá me gusta la idea de un romance con dos protagonistas, ambos con carácter dominante pero contrario, porque la suma de dos valores grandes parecería dar un total mayor al común. Pero es extraño que me gusten esas situaciones, porque nunca terminan bien, y yo detesto los finales amargos. No puedo evitarlo: soy ingeniero. Siempre estaré buscando cómo llegar a un final feliz; qué habría que cambiar en el camino para mejorar el resultado. Yo nunca me rendiría. Claro que, quizá, así provocaría yo el desenlace amargo. Al final, el destino nunca está contento si no le das por su lado.

Dulces sueños, hermosa.

R!

Antes de que lo olvide

        Recuerdo una vez, al principio, en que íbamos en mi auto de tu casa a la Plaza, probablemente al cine. Manejando por la avenida, llegando a un semáforo, levanté los cuatro dedos de cada mano por encima del volante sin soltarlo, en señal de "alto" mientras nos deteníamos. Tú me preguntaste por qué lo hacía y te dije que estaba frenando el carro con la Fuerza. Ya estábamos moviéndonos de nuevo cuando te respondí, y agregué «Tú también puedes hacerlo. Mira: pon tu mano así...». Dudando, alzaste tu brazo y en cuanto extendiste la palma frené un poco. Sorprendida, la quitaste rápidamente. Tú pequeño grito y tu expresión y tu risa me hicieron saber de inmediato que eso es lo que quería hacer de ahora en adelante. Quería provocarte esa risa siempre, como fuera. Quería vivir el resto de mis días haciéndote reír y dejar que el sonido lloviera sobre mí, inundándome. Como los hilos de tu cabello al besarme.

R!

Diálogos protolúcidos I

–Deja de pensar con el estómago y piensa con el cerebro. Dime, ¿qué es lo que más deseas?

–A ella.

–¿Por qué? ¿Por qué a ella?

–¿Por qué amar el amanecer o el atardecer, o a las nubes o a la lluvia? ¿Por qué enamorarse de la luna o las flores o Gaudí? ¿Para qué sirve alegrarse de que brille el sol y sonríen los girasoles? Es inevitable. Uno se levanta un día y se encuentra feliz porque hay sol y se dice “¡Pero cuánto amo al sol! Él es, sin duda, la razón de esto que siento”. Entonces le buscamos siempre.

Ella es mi Sol, mi Luna, mi Cielo, mis flores, mis lluvia, mi sueño, mi esperanza, mi futuro, mi paz, mi camino. Cada día, al despertar, ella es algo más. Yo no lo elegí así, pero sé que mi mayor fortuna es que así fuera.

–Habrá otras. Las ha habido.

–Ese es el consuelo del cobarde. Mi corazón la quiere a ella y mi razón dice que probablemente nadie me entenderá o querrá mejor. Es fácil aceptar la derrota, pero ser fiel a ti mismo, a tus decisiones, a tus promesas, requiere de un gran temple, tremendos sacrificios y un espíritu inquebrantable.

–Tú mismo te has llamado cobarde, te has calificado de mala persona, te avergüenzas terriblemente de tus defectos y has reconocido lo mucho que te disgustas. ¿Cómo esperas lograr algo con eso?

–Si alguno de los dos fuera perfecto, no necesitaría del complemento del otro y una relación carecería de sentido. Son justamente mis defectos la justificación para buscarle, y los suyos la oportunidad para ofrecerme. No pretendo que seamos mutuas correcciones de personalidad o terapeutas infalibles para traumas arraigados, pero sí una mutua compañía y apoyo moral, consejeros, confesores y provocadores de momentos sencillos (hasta complejos) de júbilo, paz y belleza.

–No puedes hacer nada de eso desde la posición en la que estás.

–Pero trataré, con todo el dolor que eso me cause. Hacer nada es rendirse antes de perder. Por lo menos sabrá mi conciencia que si fallo no fue por falta de méritos.

–Suena como una propuesta muy aventurada para alguien que ignora tantas cosas, que se encuentra en desventaja estratégica y que carga con atenuantes sociales. Podrás tener buenos recursos e intenciones, pero el rango desde el que operas simplemente supera tus capacidades.

–En efecto, tendré que confiar gran parte de la empresa en la providencia y en la esperanza de que no haya muerto en ella un mínimo grado de interés. De lo contrario, por lo menos sabría que en ningún momento fui tan relevante como para intentar retenerme. Yo estoy convencido de que ella es la única. Pero quedará pendiente demostrar que yo soy o fui por lo menos algo serio o preciado. Creo que todos queremos pensar que lo somos, aún si muchas veces somos adictos a sentir que no lo merecemos.

–Ya veremos.

–Veremos.

R!