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I believe in books


The Joy and Enthusiasm of Reading

Por Rick Moody

I believe in the absolute and unlimited liberty of reading. I believe in wandering through the stacks and picking out the first thing that strikes me. I believe in choosing books based on the dust jacket. I believe in reading books because others dislike them or find them dangerous. I believe in choosing the hardest book imaginable. I believe in reading up on what others have to say about this difficult book, and then making up my own mind.

Part of this has to do with Mr. Buxton, who taught me Shakespeare in 10th grade. We were reading Macbeth. Mr. Buxton, who probably had better things to do, nonetheless agreed to meet one night to go over the text line by line. The first thing he did was point out the repetition of motifs. For example, the reversals of things ("fair is foul and foul is fair"). Then there was the unsexing of Lady Macbeth and the association in the play of masculinity with violence.

What Mr. Buxton didn't tell me was what the play meant. He left the conclusions to me. The situation was much the same with my religious studies teacher in 11th grade, Mr. Flanders, who encouraged me to have my own relationship with the Gospels, and perhaps he quoted Jesus of Nazareth in the process. "Therefore speak I to them in parables: Because they seeing, see not; and hearing they hear not, neither do they understand."

High school was followed by college, where I read Umberto Eco's Role of the Reader, in which it is said that the reader completes the text, that the text is never finished until it meets this voracious and engaged reader. The open texts, Eco calls them. In college, I read some of the great Europeans and Latin Americans: Borges and Kafka, Genet and Beckett, Artaud, Proust — open texts all. I may not have known why Kafka's Metamorphosis is about a guy who turns into a bug, but I knew that some said cockroach, and others, European dung beetle.

There are those critics, of course, who insist that there are right ways and wrong ways to read every book. No doubt they arrived at these beliefs through their own adventures in the stacks. And these are important questions for philosophers of every stripe. And yet I know only what joy and enthusiasm about reading have taught me, in bookstores new and used.

I believe there is not now and never will be an authority who can tell me how to interpret, how to read, how to find the pearl of literary meaning in all cases. Nietzsche says, "Supposing truth is a woman – what then?" Supposing the truth is not hard, fast, masculine, simple, direct? You could spend a lifetime thinking about this sentence, and making it your own. In just this way, I believe in the freedom to see literature, history, truth, unfolding ahead of me like a book whose spine has just now been cracked.

Fuente: NPR, This I Believe.

El lugar entre la historia y la ahistoria

Se puede intentar conocer al ser humano de dos maneras: viendo a la historia o viéndolo a él. Carlos Marx propone cuantificar, a lo largo del tiempo, las propiedades de la vida humana específicas a un momento y ver, como puntos en una gráfica, las tendencias humanas a través de su existencia histórica. Los resultados, desde la visión humana, son progreso. Más población, más alimento, mayor esperanza de vida, mayores comodidades, etc. Quizá sea nuestro orgullo de especie lo que nos haga ver progreso donde quizá haya decadencia o solamente equilibrio. Actualmente, por ejemplo, vemos una tendencia en aumento de población como algo indeseable. Una mayor esperanza de vida también significa más años improductivos por persona. Y aún cuando la cantidad de alimento en razón al número de personas haya aumentado, su distribución sigue estando lejos de ser homogénea. Este "progreso" quizá sea ilusorio. ¿Por qué, si no, solemos ver con añoranza el pasado? Rara vez preferimos las condiciones económicas pasadas a la actual. No así con el estado cultural e idiosincrásico. Mientras que el progreso económico o continúa o se debate, la decadencia de lo que tradicionalmente llamamos cultura y valores es, por lo general, un consenso. Todos estos desacuerdos mellan en la teoría del progreso humano equivalente al progreso económico. No desestiman la propuesta de estudiar al hombre como un ser histórico económico, pero sí ponen en evidencia que no sabemos interpretar del todo los resultados que arroja y que estos resultados no están del todo completos. Y aunque la visión histórica sí es necesaria para el progreso económico (tecnológico, científico, etc.), éste no corresponde necesariamente al progreso humano.

La segunda opción es mucho más compleja que la primera, pues se basa en la calidad de la experiencia. También es más difícil de aceptar, pues exige que el hombre moderno, que gusta de cientifizarlo todo, se desprenda de las ciencias dependientes de la historia. Federico Nietzsche, en Sobre la utilidad y los perjuicios de la historia para la vida (1874), alaba la vida del rebaño, que "no sabe qué significa el ayer ni el hoy", mientras que el hombre "está siempre encadenado al pasado". ¿Qué lógica hay en ser infelices cuando todas las necesidades del cuerpo están satisfechas? Esa infelicidad proviene de la mente humana y en última instancia de nuestra capacidad de recordar. O más bien, de la incapacidad de olvidar. La historia impone; te dicta quién has sido, dónde has estado, qué has hecho. Una vez que sabemos nuestro pasado, no podemos vernos en el presente sin prejuicio. La historia, aunque puede decir lo que hemos sido, evita que conozcamos lo que somos. Solamente dejando el pasado en el pasado, sin ilusionarnos en el futuro y centrándonos en el presente, podemos conocer el presente sin distorsión.

La propuesta de Nietzsche tiene un problema: abandona al hombre en el mundo sin un propósito. Y es nuestro propósito lo que más desesperadamente buscamos al intentar conocernos. El historicismo dice que el propósito el progreso humano y el ahistoricismo dice que no busquemos ver en el progreso histórico una respuesta al individuo. Ambos poseen una verdad incompleta y complementaria. El propósito sí es el progreso humano, pero el progreso humano no es el progreso económico, sino del bienestar. Atendiendo el bienestar de la persona aumenta el bienestar humano, avanzando así en el camino al fin último: la convivencia perfecta y universal.


-R!

La Gota Derramada

Ensayo Informativo.

¿Qué es la censura? "Dictamen y juicio que se hace o da acerca de una obra o escrito. || Nota, corrección o reprobación de algo. || Intervención que ejerce el censor gubernativo." (RAE 2001).

La censura es una forma de control. Puede afectar en muchas áreas: control sobre las ideas, la comunicación de ellas, los actos, las emociones, etc.

¿Qué es una academia? "Sociedad científica, literaria o artística establecida con autoridad pública. || Junta o certamen a que concurren algunos aficionados a las letras, artes o ciencias." (RAE 2001).

Academia es la institución por excelencia donde los letrados, artistas y científicos van a hacer lo que nominalmente les corresponde: letras, artes y ciencia. Es el lugar donde se aprende, se enseña, se descubre y se inventa. Es una empresa que busca el desarrollo, formación y realización integrales del hombre y la mujer para aportar a la sociedad verdades y soluciones útiles y trascendentes.

Sin este desarrollo, formación y realización no hay aportaciones positivas a la sociedad. La mayoría de los sistemas escolares en todo el mundo han intentado inducir artificialmente este proceso, tal como lo afirma sir Ken Robinson. Durante la segunda revolución industrial el sistema satisfacía la primer necesidad de la sociedad, el desarrollo económico, al inducir habilidades industriales en las personas. Actualmente la sociedad no tiene hambre de personas con habilidades industriales, sino de personas con habilidades humanas. Es decir, personas capaces de crear, analizar, criticar, opinar, razonar, colaborar, innovar, entre muchas otras. Y esas habilidades no se pueden inducir artificialmente, sino que afloran y se nutren cuando se presentan las condiciones propicias. Las escuelas no pueden desarrollar, formar y realizar al hombre en su humanidad, sino que éste debe hacerlo por sí mismo. A la institución académica le corresponde solamente ofrecer las condiciones, el ambiente y los recursos para que el hombre y la mujer, por sus propias motivaciones y su propio entusiasmo, trabajen en su formación integral. Y bien lo sabe ella al autoproclamarse "facilitadora del aprendizaje".

Es aquí cuando nos acercamos al terreno caliente. Queda establecido que la formación humana depende de la persona, no de la institución, y que ésta meramente acondiciona el espacio para que el proceso de formación se ejecute. Es un acto libre de cada individuo, mas no por eso independiente del medio. El desarrollo natural de la persona sólo es posible en una completa libertad, ajena a cualquier control, límite o presión. Todo lo anterior ha sido para intentar establecer un punto que debiera parecer obvio por definición: una academia debe ser un espacio libre. Todas las habilidades humanas que discutimos, crear, razonar, innovar, son sesgadas en una libertad parcial. Y caemos en una represión (porque las libertades parciales no existen) cuando eliminamos la confianza y la sustituimos por control. Reprimimos cuando en lugar de confiar en los hábitos y técnicas de estudio de otros les forzamos los que creemos más adecuados. Reprimimos si en vez de atender a cada una de las habilidades del ser humano damos prioridad a las tradicionalmente más prestigiosas y discriminamos las más sensibles. Ejercemos un control y creamos una muralla cuando decidimos con fe ciega en nuestra razón a qué información puede acceder la población. Limitamos la creatividad, que quizá sea la herramienta más poderosa en la vida real personal, social o profesional, cuando dictamos cómo pueden y deben ser las expresiones artísticas, culturales y científicas que sucedan dentro de una institución, sólo porque creemos que alguien debe acotar dichas expresiones para asegurar el buen funcionamiento de ésta.

Una academia no es un lugar para que se inculquen valores escogidos, conocimientos específicos y visiones concretas. Eso podrá ser cierto de la escuela primaria y secundaria. La academia es el sitio para que toda persona con ansias de aprender, de desarrollarse, de realizarse, lo haga. Es una comunidad donde los amantes de las letras, las artes y las ciencias se encuentren y colaboren. No es una fábrica de profesionistas, ni un monumento regional, ni un cafecito social. Debe ser una institución dedicada a promover la investigación, el desarrollo y la implementación con el fin de enriquecer a la comunidad que le da vida, y larga vida tendrá.

He dicho.

Atentamente.
Arturo Romero [021073] - IM


Sir Ken Robinson, Cambiando los Paradigmas de la Educación (RSA Animate).


 Esto es lo que sucede si intentas acceder a Grupo Imagen, una empresa de radiocomunicación nacional, desde la conexión a Internet de CETYS Universidad, Campus Mexicali. Irónicamente, en el marco de las celebraciones del 45 aniversario de esta institución académica, una edición de Imagen Informativa con Pedro Ferriz de Con fue transmitida desde este mismo campus. Hay muchos otros sitios a los que no se puede acceder. Desconozco el algoritmo (humano o programado) que utilicen para bloquear estos sitios, pero la existencia misma del bloqueo socava la libertad de expresión, acción y libre pensamiento. Curiosamente uno esperaría que aquí, más que en ningún lado, se protegieran estas libertades.

Literatura

Un ensayo rápido, desordenado y sucio. Pero algo es algo.
Saludos.


Literatura, ensayo.

¿Cuántos libreros hay en su casa?

¿Cuántos en su oficina, estudio o despacho?

Visualícese de pie frente a cada uno de ellos. Observe en su mente los detalles: la forma, el material, el color; si está empotrado en la pared, sostenido sobre pies o es una simple repisa; si es cuadrangular, curvo, espiral, oblicuo; intente recordar el olor de la madera, si es el caso.

¿Cuántos libros hay en esos libreros?

¿Llenan las repisas y cajones?

¿Cuánto espacio destina a otros papeles en matas, carpetas, revistas; a objetos varios: recuerdos de vacaciones, muñecos de felpa o papel maché, monedas, ceniceros, portarretratos? En su mente párese de nuevo frente a los libreros, pero ahora centre su atención en los libros que ahí descansan. ¿Puede contarlos? Hágalo. Cuente también los que están en la canasta en el baño y sobre el buró; en la cocina, en el carro, en el casillero de su trabajo, en su bolso o mochila. ¿Son sus libros? Piense también en los que ha dejado en los lugares en que ha vivido. En su antigua casa o escuela u oficina.

De seguro ya tiene un número en mente. Pero considere sólo aquellos a los que puede llamar libros suyos. No los de sus padres o amigos. No los que compró para la escuela o para la casa. Aquellos que son de Usted y sólo de Usted. Los que guarda con celo. De aquel número que obtuvo quédese sólo con éstos. ¿Cuántos son? Vea en su mente las portadas una por una. Intente, si puede, recordar la tipografía, el tono de las páginas, el olor al voltear las hojas, alguna dedicatoria que esté escrita en la contraportada.

Por último, descarte ahora aquellos libros que Usted nunca leyó completos. Quédese sólo con los que recuerda haber leído desde la fecha de impresión hasta el punto final del epílogo. ¿Aún le quedan libros? ¿Hay alguno que recuerde con especial cariño? ¿Acaso es de literatura?

No es de sorprenderse que como mexicanos leamos poco, y como individuos a veces menos: cuando aprendemos a leer nos obligan a usar el recién descubierto tesoro para tediosas tareas. Preferimos por mucho usar nuestra imaginación nata de niños en juegos creativos, dramáticos o deportivos que seguir leyendo al terminar la tarea. Cuando con la edad y el tiempo los motivos de esa imaginación que sentíamos interminable se van agotando como un pozo cada vez más profundo, aparece en todos una necesidad de llenarlo echando nueva agua en él. Pocos son los que encuentran en la literatura esta agua para saciar su sed de nuevos mundos. La mayoría irá buscando cualquier otra actividad que no tenga nada que ver y no les recuerde lo que para ellos es sinónimo de escuela y tareas. Nos enseñan a temer la lectura, a odiar la lectura, aburrirnos con la lectura, desesperar con la lectura. ¿Quién no fue alguna vez de niño castigado con hacer planas del mismo enunciado? También con el escribir tenemos asuntos pendientes, miradas duras. En nuestro subconsciente se quedan enlazados el dolor en la muñeca con el lápiz y el papel. Pocos escribimos literatura por gusto.

Con el paso del tiempo la vida nos va dando muchas oportunidades para justificar nuestra pobre cultura lectora: como pueblo trabajador que somos (porque sí lo somos) lo que queremos en el descanso es una actividad que nos permita eso: el descanso. Y leer es una actividad físicamente abrumadora, más si se realiza con entusiasmo. Leer no es como ver televisión o escuchar música, donde uno se vuelve un espectador pasivo. La lectura requiere un cierto esfuerzo cognitivo y mantener un continuo flujo de ideas. Es decir, se necesita pensar. A eso se refería Vargas Llosa (2000) en su artículo Un mundo sin novelas cuando hablaba de las películas o programas “literarios”. Son escasos y muy poco populares porque cuando uno ve imágenes está esperando ser impresionado, excitado. Pocas personas (y por lo regular son quienes disfrutan de la lectura) encuentran placer en este tipo de medios audiovisuales que exigen a uno el uso del seso. Finalmente, estas mismas excusas relacionadas con el poco tiempo o el agotamiento diario para no leer provienen de actividades que quizá sin querer nosotros mismos elegimos: preferimos trabajos que nos demanden gran esfuerzo físico mientras no nos exijan el ejercicio mental. Maquilamos en lugar de crear.

Dejando de lado el triste tema de nuestra posición socioeconómica y su relación con el índice de lectura personal y nacional (que a muchos les entusiasma resaltar pero a mí primero me llena los ojos con lágrimas), otro efecto claro de leer poco es la degradación de la lengua. Las consecuencias pueden verse más abrumadoramente en la juventud, y la evolución de este mal entre una generación y otra es tan acelerada que asalta los sentidos desprevenidos. Debido a la gran cantidad de tiempo que pasan (y pasamos) en la Red, y porque ahí sucede la mayor parte de nuestro intercambio de ideas y mensajes escritos, es por donde recibimos la mayor influencia de formas lingüísticas ajenas a nuestro ambiente “real” (identificando el ambiente en cuestión como “virtual”). Si el Internet en su totalidad estuviera redactado con una retórica impecable y un vocabulario diverso, esta influencia sería positiva en el lenguaje popular, y mucho. Pero como los exploradores de la Red sabemos, la realidad es otra. Viendo por encima de la mala ortografía y gramática que se emplea en general en Internet, una grave amenaza es que la mayoría de las páginas de Internet, o la mayoría de las relaciones que se dan en este ambiente, están codificadas en otros idiomas, principalmente el inglés. Y no es, como mencionaba, un inglés impecable. También es uno lleno de reducciones y sustituciones degradantes y crueles para cualquier literato. (Entiéndase por literato a la persona que ama la literatura).

Como último punto, y para escapar de un final lúgubre, me gustaría mencionar las bondades de la literatura que me parecen más importantes o que dejan una más profunda impresión en la persona.

Una ampliación de nuestra visión de las cosas, de las verdades: no ve lo mismo ni tan lejos aquél que ve a través de sus propios ojos que quien también ve con los de otros. Y estas nuevas y diferentes visiones se adquieren con la literatura, más que cualquier otra arte o ciencia.

Un pensamiento crítico, pero también optimista, porque el que ha leído mucho y grabado las ideas de otros con las suyas tiene la capacidad de desarrollar soluciones a la par que juzgar las ideas, en lugar de sólo prever un futuro oscuro.

Como tercer y último punto, retomo a Vargas Llosa en su ponencia sobre la libertad: sólo pensando por uno mismo se puede ser libre, y aún en esta esfera, sólo actuando con bien y por el Bien, teniendo como objetivo la perfección de la persona (o el alma) y como visión un mundo ideal y rico se puede ser verdaderamente libre, en vez de sólo rebelde. Para alcanzar esto es necesaria la unidad de los individuos, sin que por ello dejen de ser individuos. Y hasta que desarrollemos la telepatía, no veo otra forma de hacerlo que la literatura: el arte de dejarnos impresos en el pensamiento y actuar de los demás.

[R!2X]