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Sé que es tonto y ridículo a estas alturas, y que admitirlo no me va a ayudar, pero no puedo "superarte". Y esa es una palabra apropiada para negar, porque en efecto sigo tras de ti. Nada que haga para borrarte de mi mente, o convivir contigo en ella, es suficiente. Por el contrario, ignorarte me hace sentir ausente; vilipendiarte me hace sentir culpable; recordarte me provoca nostalgia. Incluso intentar concentrarme en tus defectos sólo me provocan mayores ansias de quererte. Busco perfección en otro lado y termino siempre encontrándote a ti.

Estoy cansado. Es cansado mantener la vida en pausa por no querer vivir cualquier cosa sin compartirla. Es cansado intentar todos los días ponerla en marcha aún sabiendo por tantas caídas que simplemente no puedo seguir sin ti. ¿Estoy escribiendo un melodrama? Quizá. Pero te aseguro que no hay palabra escrita mía que no atraviese la razón. Esto es en lo que creo no sólo con mi instinto, sino con el uso de toda la gracia cognitiva de la que soy recipiente. Y aún sabiendo que esta no es una buena idea, hay verdades que no puedo mantener encerradas. Hay verdades que tienen que expresarse para sentirse verdaderas. Y esta verdad es que estoy increíble, indudable y profundamente enamorado de tu persona, de tu carisma, de tu fortaleza, de tu entrega, de tu genio y de tu belleza. De cómo ríes y cómo te enojas. De tu habilidad para poner color en todo lo que ves. De la manera en que extiendes un gesto de casual simpatía hasta hacerlo un enunciado emotivo completo y coherente. Y me alegra estarlo. Me motiva a mejorarme, a ser perfecto. A ser más como tú. Nunca podría ser ello causa de amargura.

Sólo te pido que cuando te enojes o te frustres contigo misma, tengas en mente que hay alguien que conoce y ama todas esas partes de ti que no te gustan y te desesperan. Tal vez entonces puedas ser menos dura contigo. Quiérete como yo te quiero. Alégrate con tus logros como yo me alegro. Ama aquellas cosas que te hacen única. Es lo único que pido.

Sé feliz.

R!

Te extraño tanto.

Extraño tus palabras de aliento y consuelo, acompañadas de risas y caricias. Extraño la ilusión en mí al narrarte mis proezas y el orgullo en tu rostro al escucharlas. Extraño el dulce sonido de tu voz y nuestro humor excéntrico.
Pero extraño sobre todo el poder decirte cuánto te extraño, cuánto te quiero. Lo extraño tanto.
R!

Me permito un capricho

18/09

Aw, yo quiero que Ted y Robin sigan juntos. No sé por qué me gustan tanto los amores imposibles. Quizá me gusta la idea de un romance con dos protagonistas, ambos con carácter dominante pero contrario, porque la suma de dos valores grandes parecería dar un total mayor al común. Pero es extraño que me gusten esas situaciones, porque nunca terminan bien, y yo detesto los finales amargos. No puedo evitarlo: soy ingeniero. Siempre estaré buscando cómo llegar a un final feliz; qué habría que cambiar en el camino para mejorar el resultado. Yo nunca me rendiría. Claro que, quizá, así provocaría yo el desenlace amargo. Al final, el destino nunca está contento si no le das por su lado.

Dulces sueños, hermosa.

R!

Antes de que lo olvide

        Recuerdo una vez, al principio, en que íbamos en mi auto de tu casa a la Plaza, probablemente al cine. Manejando por la avenida, llegando a un semáforo, levanté los cuatro dedos de cada mano por encima del volante sin soltarlo, en señal de "alto" mientras nos deteníamos. Tú me preguntaste por qué lo hacía y te dije que estaba frenando el carro con la Fuerza. Ya estábamos moviéndonos de nuevo cuando te respondí, y agregué «Tú también puedes hacerlo. Mira: pon tu mano así...». Dudando, alzaste tu brazo y en cuanto extendiste la palma frené un poco. Sorprendida, la quitaste rápidamente. Tú pequeño grito y tu expresión y tu risa me hicieron saber de inmediato que eso es lo que quería hacer de ahora en adelante. Quería provocarte esa risa siempre, como fuera. Quería vivir el resto de mis días haciéndote reír y dejar que el sonido lloviera sobre mí, inundándome. Como los hilos de tu cabello al besarme.

R!

Diálogos protolúcidos I

–Deja de pensar con el estómago y piensa con el cerebro. Dime, ¿qué es lo que más deseas?

–A ella.

–¿Por qué? ¿Por qué a ella?

–¿Por qué amar el amanecer o el atardecer, o a las nubes o a la lluvia? ¿Por qué enamorarse de la luna o las flores o Gaudí? ¿Para qué sirve alegrarse de que brille el sol y sonríen los girasoles? Es inevitable. Uno se levanta un día y se encuentra feliz porque hay sol y se dice “¡Pero cuánto amo al sol! Él es, sin duda, la razón de esto que siento”. Entonces le buscamos siempre.

Ella es mi Sol, mi Luna, mi Cielo, mis flores, mis lluvia, mi sueño, mi esperanza, mi futuro, mi paz, mi camino. Cada día, al despertar, ella es algo más. Yo no lo elegí así, pero sé que mi mayor fortuna es que así fuera.

–Habrá otras. Las ha habido.

–Ese es el consuelo del cobarde. Mi corazón la quiere a ella y mi razón dice que probablemente nadie me entenderá o querrá mejor. Es fácil aceptar la derrota, pero ser fiel a ti mismo, a tus decisiones, a tus promesas, requiere de un gran temple, tremendos sacrificios y un espíritu inquebrantable.

–Tú mismo te has llamado cobarde, te has calificado de mala persona, te avergüenzas terriblemente de tus defectos y has reconocido lo mucho que te disgustas. ¿Cómo esperas lograr algo con eso?

–Si alguno de los dos fuera perfecto, no necesitaría del complemento del otro y una relación carecería de sentido. Son justamente mis defectos la justificación para buscarle, y los suyos la oportunidad para ofrecerme. No pretendo que seamos mutuas correcciones de personalidad o terapeutas infalibles para traumas arraigados, pero sí una mutua compañía y apoyo moral, consejeros, confesores y provocadores de momentos sencillos (hasta complejos) de júbilo, paz y belleza.

–No puedes hacer nada de eso desde la posición en la que estás.

–Pero trataré, con todo el dolor que eso me cause. Hacer nada es rendirse antes de perder. Por lo menos sabrá mi conciencia que si fallo no fue por falta de méritos.

–Suena como una propuesta muy aventurada para alguien que ignora tantas cosas, que se encuentra en desventaja estratégica y que carga con atenuantes sociales. Podrás tener buenos recursos e intenciones, pero el rango desde el que operas simplemente supera tus capacidades.

–En efecto, tendré que confiar gran parte de la empresa en la providencia y en la esperanza de que no haya muerto en ella un mínimo grado de interés. De lo contrario, por lo menos sabría que en ningún momento fui tan relevante como para intentar retenerme. Yo estoy convencido de que ella es la única. Pero quedará pendiente demostrar que yo soy o fui por lo menos algo serio o preciado. Creo que todos queremos pensar que lo somos, aún si muchas veces somos adictos a sentir que no lo merecemos.

–Ya veremos.

–Veremos.

R!

Lo fatal por Rubén Darío

       Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
       Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos.
Y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
y no saber adónde vamos
¡ni de dónde venimos!...



Quisiera yo que la primera publicación del nuevo año no fuese tan deprimente ni de espíritu aletargado. Pero si soy verdadero no haré uso de esta herramienta para complacerme con mentiras, por piadosas que fueran. Sin embargo, aunque buscados para dar voz a la amargura, lo que con estos versos quiero proponer no es un desgaste en autocompasión, sino una advertencia justa: la vida consciente no es sencilla. Y la búsqueda de la vida sencilla es la búsqueda de la inconsciencia, de la ignorancia.

Yo me opongo a la ignorancia y con ansiedad deseo la consciencia. Aún si me cuesta la alegría, prefiero encontrar último gozo en el solo conocimiento de que no me rendí al placer de la vegetación.

Suerte.
O mejor, providencia.

R!

Capítulo 2. Temporada 8.

[Léase muy lento, alargando las pausas.]

Tengo miedo del nuevo House. No está esa calidez familiar al entrar al Princeton-Plainsboro. Se siente frío y vacío. A propósito, pues las sombras son largas y los extras son pocos. Me siento como un perro en un nuevo hogar, con nuevos dueños, abandonado de los amos que conocía y amaba. Todo es hostil. No hay figuras bellas ni palabras amables. Amigos tampoco. Es que yo quiero volver y todo es nuevo. Quiero volver porque ahí están las paredes que yo sé que son las que eran. Los pasillos. Algunas personas. Pero no son. Se parecen, pero han cambiado. Como una mala broma donde corremos para encontrarnos con un paisaje en una pared de concreto.

Tengo miedo porque no soy yo el que pasa por esto, sino House. Él es quien lo sufre, el que recibe los puños y los salivazos. Tengo miedo porque aún así lo siento. Me carcome la angustia. Se me ofusca el corazón con melancolía. Porque así como esas moralejas redundantes que se vuelven sobre los personajes que las enuncian, verle me vuelve consciente de mí mismo. De mi ambiente hostil. De la incertidumbre. Del despojo. De mi propia nostalgia. Mientras que House es malrecibido tras la ausencia, yo me siento alienado sin haberme ido. No me reflejo en cómo será el nuevo espacio que me aguarda, sino en qué pasará con este que me olvida.

Tengo miedo del nuevo House porque tengo miedo de mí mismo. Qué será de eso que me abandona. Que me abandona porque yo a su vez le doy la espalda. Qué será de lo que he hecho. Qué será de a quien he amado. ¿Años adelante, seré saludado por ellos como a House? ¿O se quedarán intactos, acumulando polvo, envejeciendo lentamente sin terminar nunca de morir?

Mientras, se asoma en una sonrisa que casi se esboza, la esperanza de que la fórmula que siempre ha funcionado me mantenga con interés. La fórmula que hace a la vida una propuesta tan exitosa. La renovación. Al presentarse el entorno transformado y novedoso, nosotros mismos nos renovamos para prevalecer. La vida se adapta a las circunstancias más extremas, frente a los cambios más bruscos. Así también habré yo de adaptarme. A una nueva vida y a un nuevo House.

-R!

Pensando en ti


La vida es maravillosa.

Estamos separados por la distancia y las circunstancias pero aún así sentimos un vínculo uniéndonos en todo momento.

Quizá sea frágil, quizá invisible, pero su certeza es más fuerte que nuestras dudas.


[R!2X]

2010

Víspera de Año Nuevo. 22.40h, siendo precisos. Año Nuevo no es un día ni una noche: es un momento, un punto en la línea del tiempo. Sin dimensión medible. Un instante sin duración. No es como Navidad. Navidad no sucede a las 12 de la noche. Navidad es un evento, que ocurre cada vez que se da una escena concreta: el encuentro de un alma con Dios. No es un instante, sino su opuesto: una eternidad. Y a diferencia de Navidad, Año Nuevo es un umbral sin valor propio. Toda la importancia que puede tener es un agregado nuestro. Es un punto en el elipse que llamamos "año", que elegimos para marcar el inicio y el final de un ciclo. Así como un cumpleaños. No quiere decir que hace 4 540 000 000 de años, al término de lo que hubiese sido un imaginario 31 de diciembre, nació la Tierra en el primer segundo del primer 1º de enero. No marca el primer instante de nada más que de lo que arbitrariamente marcamos como año. Es una designación inútil, tal cual un cumpleaños. Celebrar el aniversario de aquel momento donde el mundo pasó de ser un mundo sin Juan a ser uno con Juan. ¿Y por qué un aniversario? ¿Por qué no mejor celebrar cada mes, o cada semana, o cada día? ¿Por qué no mejor celebrar cada instante? No se puede, dejaría de ser especial. ¿Dejaría de ser especial alguien si a cada momento nos alegrásemos de su existencia? Debe celebrarse a alguien cada cierto tiempo. Nos da la oportunidad de alegrarnos por él. Que sepa que nos importa. Entonces, ¿qué tal cada 2 años, mejor? ¿O cada 5, cada 10, 20? ¿Por qué no mejor hacer una única fiesta a la que llamaremos "Fiesta de Vida", que cada quien celebre cuando mejor le venga en gana, y contará por todos los "cumpleaños" que hubiera tenido? Todo, tanto lo que es como lo que invento, me suena igual de estúpido. Las normas sociales son tan molestas.

10:58 ya. Qué tarde. Qué temprano. Qué importa. Tarde para seguir escribiendo. Temprano para dejar la locación actual. Y no importa porque no haré nada al respecto. Cuando en un grupo de personas de afiliación denominada "familia" el o los líderes deciden que pasarán la velada en compañía de la familia vecina y las familias relacionadas a ésta, se considera que es una "decisión" de familia. Y aunque nos hacen creer que una decisión de familia es aquella donde de forma unánime todas las partes están de acuerdo en la resolución, la verdad es que una decisión de familia se llama así porque toda la familia debe seguir y consentir con la determinación de los líderes. Esto es vital para la estabilidad familiar, si es que algo parecido existe. No se debe maliterpretar: con mi familia es la única forma en que deseo pasar las fiestas decembrinas, pero no por ello me debe agradar la manera en que éstas se celebran.

Las 23.04 horas. Tiempo de conseguir la cena. Tumulto de individuos sin rumbo aparente. Recién llegados estorbando para saludar a personas que no les son gratas. Sentado de nuevo en la esquina donde escribo caigo en la cuenta de que vestirse bien por compromiso es incómodo. O vestirse del todo.

Visitantes en mi esquina prestada. Pero con todo el ruido alrededor no es una mayor molestia.

11:30 exactamente (aunque la medición del tiempo nunca es exacta). Estoy consciente de que esto, que antes de empezar tenía la intención de ser el preludio de la crónica con un leve toque de surrealismo que me fue solicitada por aquella persona que probablemente jamás ha visitado este sitio ni lo hará, y que comenzó como reflexión de los estatutos sociales relativos a la fecha actual, ha mutado en una vaga narración de los eventos que ocurren a mi alrededor. Estoy consciente de ello y por ello me disculpo, y me dispongo a volver a mi vía inicial.

Las personas harán muchas cosas para ser felices. O más bien, harán muchas veces las mismas cosas de siempre. Declarar días de fiesta es una de ellas y de las más aceptadas. También la mayoría de las actividades que tradicionalmente se realizan en estas fiestas. Un ejemplo de las que son generalmente rechazadas es la adicción a las sustancias enervantes, la pornografía y los "malos hábitos". Yo no llamaría ni a las primeras ni a las últimas como actividades que lleven a la felicidad. Ni a las fiestas, ni a las drogas, ni al sexo. Y lo considero así porque veo cómo se malinterpreta y malemplea el término "felicidad". Las actividades mencionadas... Esperen. 12 en punto. Las cero horas del nuevo año. Celebradas 10 segundos tarde por la necedad de una niña con celular retrasado. Los celulares están hechos para llamar y los relojes para medir el tiempo. ¿Cuándo lo entenderán? Feliz año, por cierto. Lo que sea que eso signifique.

... Las actividades mencionadas traen desde alegría hasta euforia: estados del cuerpo. La Felicidad en su lugar es un estado del Ser. Del alma. Es un estado de plenitud. Y no puede ser alcanzado por la sobreacumulación de endorfinas. Es algo tan poco entendido que pasamos la vida entera en una carrera por encontrar la Felicidad, sin saber realmente cómo es. Porque estamos seguros de que cuando la encontremos lo sabremos: que no necesitaremos nada más, nunca. Muchos se decepcionan al alcanzar lo que creían sería la felicidad, que los satisface al grado de parecer verdadera, pero no tanto como para llenar aquellos vacíos que más queremos olvidar. ¿Sabéis qué? Sólo el Amor puede rellenar esos huecos. Sólo Dios.

Veinte pasadas las cero horas. Finalmente, contándolo todo y a pesar de todo ello, es una sensación de calidez increíble (porque no me la creo) la que se siente cuando tu familia, tus amigos y tus desconocidos se reúnen alrededor de una mesa con serpentinas en la boca y el cabello, licor en el estómago y la cabeza, en un estado de júbilo que no dura más de cinco minutos para gritar al viciado aire de la cocina palabras vagamente inspiradas. Esa sensación es una probada de Felicidad. Porque a pesar de que el momento en que un año acaba y comienza otro no signifique nada y esta noche sea sólo una fiesta inventada, el ver que un grupo de personas no necesite una razón real para reír y celebrar y gastarse bromas es la única manera que veo en este momento de medir el verdadero bienestar. No el económico, académico, laboral o ambiental. El verdadero bienestar. El de estar bien con la Vida. Y con eso dicho y puesto me retiro, a ser parte del festejo.

Feliz... Feliz y punto.

[ RARS! ! !  S.N.1000003258 ]

The Last Guardian

El siguiente juego, o mejor dicho la siguiente (3ra) fantasía de Team Ico, secuela no relacionada de Shadow of the Colossus exclusiva para PS3. He aquí el primer trailer, presentado en el E3 2009. El director, Fumito Ueda, afirma que el juego está basado en la interacción entre el protagonista y su caballo, Agro, de Shadow of the Colossus, deseando que esta relación sea un poco más el centro de la historia. Además tiene el interés de hacer un animal virtual que de una sensación más realista y no estrictamente "linda", como sucede siempre que los animales se introducen a escena en un videojuego.



Es claro que las historias de dos amigos siempre han tenido un puesto importante y querido en las artes. También es cierto que por muchas que haya, difícilmente una nueva se convierte en sólo una más. Todas son siempre valiosas y únicas, y cada una se hace un lugar especial en nosotros. Estas historias nos enseñan siempre moralejas que se vuelven de alguna forma prioridad en nuestras vidas. Nos hacen ver a los amigos con ojos más agradecidos y un poco húmedos al recordar esos buenos tiempos, los años juntos.

Y así como no esperamos que esos días terminen y de pronto en algún momento lo hacen, creemos que la amistad en esas historias debe continuar por siempre: después de todo por eso son fantasías, para que algo parecido a un final no sea necesario. A pesar de la razón (porque al arte no le importa), todas estas historias tienen finales trágicos. Ya sea la separación de ellos, como el espacio, el tiempo, las circunstancias o la muerte, o de nosotros mismos con la historia, el final nunca puede llamarse más que "agridulce". La felicidad máxima no se alcanza en el desenlace, sino en el clímax, porque lo último siempre debe ser decir adiós.


Eso es lo que inspiró (de una forma muchísimo más burda) la siguiente tira cómica de Penny Arcade, y mi primera encuesta del blog: ¿Cómo terminará The Last Guardian? Supongo que eso nos da un motivo más para esperar el juego.





Saludos.
>> RARS!!! v18.18.04.09 >>

Il nouvo io

El nuevo yo está listo. Estoy preparado. He reunido lo necesario para recibir al mundo con el corazón alegre y la mente alerta. Pero no lo haré, no dejaré que el mundo llegue a mí. Yo voy hacia él corriendo, volando. Estoy dejando atrás mi pequeño mundo. Abandono mi propio Nunca Jamás que me defendió por mucho tiempo de todo aquello que me lastimaba, degradaba, ofendía y humillaba. Ahí estuve seguro y me hizo sonreír tantas veces cuando todas las demás personas habían fallado. Pero es hora de dejarlo. Y miento al decir que lo dejo atrás: lo estoy poniendo arriba, mientras yo bajo al real y sólido. Aquí la "magia" es una mera ilusión de lo que la fantasía es capaz en los mundos superiores.

He estado reuniendo lo necesario para dar este salto. Por fin estoy convencido de darlo, por primera vez en la vida. Ya no temo. Desde el inicio del año he alcanzado la iluminación en muchos conceptos e ideas que regían mi vida sin entenderlos realmente. Ahora ya sé lo que son la Vida y la muerte y el Cielo, y la manera en que hay mundos más reales que otros, o niveles más reales de ellos mismos. En una súbita revelación todo el problema del Amor, el gran debate universal, el eterno drama, la infinitamente cruel comedia, tuvo sentido y solución. ¿Lo ven? ¡Entiendo lo que es el Amor! ¡Y es totalmente distinto a lo que siempre pensé y a lo que siempre dije! De pronto aquellas cosas que dije y me dijeron, que escuché y que leí, disminuyen en sentido y trascendencia. Tantas cosas que dije, apoyadas en un concepto erróneo. Y tantas cosas que me dijeron, perdiendo valor conforme sus mismas actitudes revelan vicios inquebrantables, que llevan tanto tiempo ahí y mi ceguera me impedía ver.

No volveré a humillarme ante ningún humano: yo mismo no poseo tal derecho, pues sería atentar contra la dignidad y divinidad intrínsecos a mi naturaleza, esculpidos en el origen mismo de mi persona.

No volveré por iniciativa propia a decirle a nadie que lo amo: si ellos no pueden decirse amados por mí es que no los he amado lo suficiente o como debería y por consiguiente decir que lo hago sería una mentira. Y si en cualquier momento alguien llegase a preguntarme si lo amo, hablaré con la verdad y diré "Yo hago todo lo que puedo para que seas Feliz por ninguna otra razón más que tu Felicidad misma, y por lo tanto te amo. Si aunque te amo no consigues ser Feliz, dime en qué me he equivocado para rectificarme". Diré eso porque juré ser testigo de la Verdad, y no hay Verdad mayor que el amor incondicional, perfecto.

Esto y más he decidido e integrado a mi persona. Ya no soy el mismo de antes, porque me he deshecho de las dudas y las concepciones erróneas que me impedían encontrar un camino, cualquiera. No quiero decir que estoy libre de dudas. Tampoco soy perfecto ahora. El hecho de que entienda muchas cosas nuevas no significa que sepa cómo aplicarlas, y hasta que lo descubra (y lo estoy haciendo) seré tan inútil como siempre. Pero sé quién soy: es una de las herramientas más poderosas que cualquiera podría poseer. Y aún ahora entiendo que en este momento, en esta dimensión de mi existencia, no soy sino una parte del Yo completo, el que seré al final de esta vida, cuando pase a la Gloria y nazca a la Vida verdadera. Mi misión hasta entonces es buscar en el mundo lo que me haga falta y que me lleve a ser un poco más como debería ser ese Yo eterno.

Así, pues, marco un punto en mi línea del tiempo. Este es el momento que sería la base de todo lo que lograré a partir de hoy. Es una bandera en las faldas de una montaña que comienzo a escalar. No sé qué tan difícil será el acenso, pero confío en mí y en que he reunido todo lo necesario para iniciar. Si algo llegase a faltarme sé que invariablemente lo encontraré a lo largo del viaje. Lo sé porque todas las grandes aventuras comienzan y terminan con una canción.

El destino llama.


Acerca del blog, creo que el cambio en la organización y la apariencia es obvio; más adelante entraré en detalles sobre los nuevos elementos. Mientras tanto iré republicando cada una de las entradas anteriores con el nuevo formato, a manera de una recapitulación de aquellas ideas notables que tras mucho esfuerzo y sufrimiento desembocaron en lo que soy ahora: una Persona.

¡Saludos y gracias!

RARS!!! v18.18.04.09